Entrevista en La Opinión de Murcia. 24/03/2019


Fulgencio Caballero: “El frío mundo de los números necesita apaciguarse de vez en cuando con las letras”

El escritor presentará el 20 de abril en Calasparra su último trabajo, ‘Simún’
Enrique Soler 24.03.2019 | 04:00

 

Escritor. El autor calasparreño, asesor fiscal de profesión y entusiasta de la historia, publicó hace unos meses su último trabajo, Simún, sobre el pasado de España en el norte de África. La presenta ante sus vecinos el próximo mes, pero además quiere aprovechar la coyuntura para ofrecer el que será su próximo trabajo, Pasos perdidos.
La exhumación de un cadáver enterrado en una fosa común del Sáhara Occidental permitirá a Nekane, Imanol y Jesús, tres antropólogos de la ‘Asociación de Memoria y Dignidad’, desvelar un secreto celosamente guardado durante cuarenta años. Así comienza la trama de Simún, el último trabajo de Fulgencio Caballero, calasparreño nacido en Barcelona (1966). Asesor fiscal y entusiasta de la historia, su primera novela, La caja de membrillo (2010), un relato sobre las poco conocidas redes de evasión durante la Guerra Civil, resultó seleccionada entre las diez finalistas de la LIX edición de los Premios Planeta.

 

Cuéntenos, Fulgencio: ¿Cómo y por qué nace Simún?
Pues una persona una vez me contó su experiencia personal en los años previos al abandono del Sáhara, ya que vivió y trabajó allí, en El Aaiún. Me pareció una historia muy interesante; conocía poco sobre el tema, pero desde ese momento me decidí a investigar sobre el asunto, sobre este episodio de nuestro pasado, que parece que se ha olvidado cuando apenas han pasado 40 años…, y te aseguro que sabemos muy poco sobre él.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación?
He tenido que leer varios libros y buscar mucha información en Internet, ya que, como te digo, no se conoce mucho sobre el tema. Mientras estaba investigando, me tropecé con noticias de la época y que tenían que ver con el robo de bebés, y me pareció una idea estupenda mezclar las dos temáticas: el abandono de Sáhara con el robo de niños que se produjo impunemente en aquella época.

¿Cuál ha sido la parte más dura de escribir? Porque imagino que no es fácil desarrollar un libro así…, y menos con tan poca información, como dice.
Posiblemente eso, lo del robo de los bebés. Ahora que sí tenemos muchos canales de información y hemos podido descubrir más cosas sobre este tema; te pones a leer lo que ocurrió entonces y te das cuenta de que era una verdadera aberración… Aquello era un entramado brutal que algunos estudios cifran en hasta 300.000 niños… Hay fuentes que afirman que así fue, que la magnitud del robo de bebés en aquella época era de cientos de miles, y te das cuenta que fueron episodios tremendamente dolorosos para miles y miles de familias.

Tanto ésta como su anterior novela están ambientadas en tierras norteafricanas. ¿Por qué? ¿Qué le une a esta zona?
A mí me gusta mucho la historia de España, sobre todo la de finales del siglo XIX y principios del XX, aunque esta historia transcurre en el último tercio del siglo XX. Hay que reconocer que nuestro pasado en tierras africanas tiene mucho peso en nuestra historia, y tiene una serie de aspectos… melancólicos, también exóticos; en definitiva, atractivos. Me fascina mucho nuestro paso por aquellas tierras y me sorprende que no tenga el peso que históricamente se merece, porque la verdad es que estuvimos mucho tiempo y poco es lo que nos acordamos de ello. ¡En el Sáhara Occidental estuvimos durante noventa años!

¿Cómo un asesor fiscal descubre el mundo de la literatura?
Es una válvula de escape. El frío mundo de los números necesita de vez en cuando apaciguarse con las letras. Desde siempre me ha gustado la literatura, y es una manera de evadirme de la realidad, y salir de los problemas que conllevan las inspecciones de Hacienda y de la fiscalidad… Así contrarresto todos los quebraderos de cabeza del día a día, con esta afición que yo creo que es maravillosa.

Afición, sí, pero en 2010 fue finalista del Premio Planeta, y este año, ya con Simún, finalista del premio Ateneo de Valencia, un reconocimiento importante a sus trabajos…
Sí. Estoy muy contento. Además, con Simún también quedé en septiembre finalista en otro premio en Madrid. Se siente uno reconfortado cuando se le reconoce el trabajo y el esfuerzo; es un premio al sacrificio. Al fin y al cabo, tengo que robarle horas al sueño para poder dedicarme a escribir… El trabajo de asesor me ocupa todo el día y me tengo que esforzar mucho para poder sacar tiempo para poder escribir, y un reconocimiento como finalista o cualquier tipo de premio te llena de satisfacción y hace que te des cuenta de que todo esto merece la pena; es, efectivamente, la confirmación de que lo que estás haciendo tiene su premio.

¿Qué pasa ahora mismo por la cinta de su máquina de escribir?
Pues acabo de terminar un nuevo trabajo. He avanzado y evolucionado en el tiempo: estoy en ‘los años del plomo’, en el País Vasco, en los ochenta, cuando ETA puso sobre las cuerdas a la democracia española. Parecido a lo que ocurrió con Simún, un suboficial de la Guardia Civil me contó su experiencia en aquellas fechas en el País Vasco. En breve saldrá a la luz.

¿Tenemos ya fecha?
El 20 de abril quiero presentar Simún en Calasparra, y quiero aprovechar para enseñar también ésta. Pasos perdidos será el título de este nuevo trabajo sobre terrorismo.

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